ARGENTINA: Disminuyendo la inflación a sombrerasos

Por: Alcadio Oña.

El Clarin, 28 de febrero del 2008

EL GOBIERNO DA LAS PUNTADAS FINALES A LOS CAMBIOS DE METODOLOGIA ANTICIPADOS POR CLARIN. Cómo será la nueva fórmula del INDEC para medir la inflación? Tomará una canasta más reducida que la actual. No incluirá productos que considera suntuarios, como la educación privada. Y cuando algún precio suba mucho, será reemplazado por otro que sea más barato.

El proyecto llegó primero a manos de Miguel Peirano, quien por entonces era el ministro de Economía y que no quiso saber nada con apoyarlo. Ya pasadas las elecciones presidenciales pasó por la Jefatura de Gabinete, pero toda la respuesta de Alberto Fernández fue un “déjenmelo ver”. Desde hace varias semanas lo tiene Martín Lousteau (el ministro de economía actual), quien también está lleno de dudas. Fin del misterio: es el nuevo índice de precios al consumidor el que anduvo de un lado al otro. Sin embargo, el Gobierno está resuelto a ir para adelante con el nuevo índice. El propio jefe de Gabinete anunció ayer que en las próximas semanas se informará sobre la futura estadística; naturalmente, con la intención de defenderla, demostrar que es apropiada para consumos de estos tiempos y despejar las suspicacias que ya despierta. Ayer miércoles, Clarín anticipó en forma exclusiva que en enero el indicador marcó una inflación de 0,4%, según un testeo hecho ese mes. La mitad, exactamente ni siquiera la mitad, que el índice del INDEC vigente. O sea, contra un 0,9% ya claramente sospechoso. Por lo que pudo averiguar este diario, entre los cambios que vienen en la forma de medir la inflación estarían los siguientes: Cuando se trate de productos estacionales -o sea, que por razones transitorias suban o bajen-, sólo se considerarán aquellos más baratos. Explicación oficial: que la gente reemplaza los caros por otros. Consecuencia de lo mismo: el cómputo descartará los bienes que aumenten más del 15%. Se seguirá midiendo la medicina prepaga, aunque únicamente los copagos regulados por el Gobierno. Y, desde luego, sin importar que la mayoría de quienes están adheridos a algún sistema privado no los usen. Habrá un achicamiento considerable de la canasta de consumos computada por el INDEC. En concreto, los productos que se tomarán en las mediciones son aquellos que adquieren los sectores de ingresos medios bajos, con preponderancia de los alimentos controlados. Pero, al parecer, la propia cesta de alimentos, su ponderación o el peso que a cada uno se le asigna en el índice, irá variando según el mes. Se les adjudicará mayor incidencia a los artículos vendidos en supermercados, por encima de los comercios chicos. Y se tomarán los valores que las grandes cadenas envíen al INDEC -presumiblemente, los acordados con Moreno-, sin el actual relevamiento de los encuestadores. En turismo, desaparecerán del muestreo los viajes al exterior. Y todos aquellos servicios o bienes que se consideran propios de las capas de mayores recursos. Bajo el mismo criterio, también saldrá de la canasta el costo de la educación privada. En consecuencia, habrá cambios en la cesta de consumos, en el modo como se mide el peso de los productos y alternancias entre los que se consideran. Como parte del futuro escenario, Alberto Fernández justificó que ahora se empiece a controlar, en las propias empresas, los costos de producción y a contrastarlos con los precios finales. Viene a cuento de algo que la Secretaría de Comercio Interior hizo en el testeo de enero. Según fuentes oficiales, le llamó la atención que el precio de algunas computadoras estándar siguiera en aumento, a contramano de la tendencia internacional con los electrónicos. Hizo despiezar los equipos y comprobó que el costo de cada componente -incluido el teclado- no justificaba el precio final. Conclusión: acomodó el valor que aparecía en el testeo. Quienes están al tanto de los cambios tienen una primera percepción sobre lo que vendrá: que el Gobierno deberá hacer enormes esfuerzos para dotar de credibilidad al nuevo índice; especialmente, en medio de la generalizada desconfianza que despierta el actual. Y el 0,4% de enero es un dato. Lo que sigue, inevitablemente, es la necesidad de aventar la sospecha de que la estadística fue hecha a la medida de las necesidades oficiales. Por más que incluya consumos de estos tiempos y elimine otros que cuadraban con el pasado. Muchas suspicacias, en fin.

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