El incurable romanticismo de las políticas económicas argentinas

Bajando la inflación a sombrerazos: Si en Colombia llueve, en Argentina no escampa, las cifras económicas son de las primeras sacrificadas cuando un gobierno adopta medidas populistas. Los datos oficiales argentinos indican una inflación de alrededor del 8% en 2007, cuando la cifra verdadera está entre el 15 y el 25%.

Inflación y mercado forex: Como sabemos, esta inflación -una de las más altas del mundo- se debe sobretodo a que la gran mayoría de las operaciones de acumulación de reservas internacionales del Banco Central se han hecho con emisión. Las reservas internacionales argentinas han pasado de USD 8 a 45 billones durante el proceso y el gobierno ha evitado la revaluación frente al dólar, pero las exportaciones argentinas no han crecido más que las de los países vecinos como Brasil o Perú.

Trinidad insufrible: Dado que -salvo el caso de Venezuela- hay bastante libertad a los movimientos de capitales en Latinoamerica, lo que habiamos visto en la región era un caso clásico de imposibilidad de controlar al mismo tiempo el tipo de cambio y la inflación (recuerde la “trinidad imposible”).  Pero lo que vemos ahora es que ni Argentina puede controlar su tipo de cambio: a pesar de la ligera devaluación nominal, el desborde de la inflación ha revaluado de todas formas su tipo de cambio real; ni los demás países de la zona -que han permitido la revaluación- han podido controlar la inflación a punta de subidas de sus tasas de interés.

Como para variar: default. Otro asunto financiero importante es que una inflación exagerada sirve para “licuar” la cuantiosa deuda en pesos del gobierno argentino -tal como hizo Domingo Cavalho con las hiperinflaciones de los ochenta- y se constituye de manera velada en un default de deuda. Asimismo, al publicar cifras oficiales falsas sobre inflación, el gobierno está causando perdidas a los tenedores de activos indexados al IPC, como los fondos de pensiones que tienen alrededor de la mitad de sus activos en este tipo de instrumentos.

En resumen: el gobierno cobra un impuesto inflacionario cuantioso -e invisible por ahora- a la sociedad y utiliza esos recursos para acumular reservas internacionales. Esta acumulación de reservas logra mantener al peso depreciado en terminos nominales pero no  cambia nada en térmios reales. Motivo por el cual las exportaciones argentinas NO tienen una trayectoria diferente a las del resto de la región, lo cual era el objetivo de la intervención cambiaria. Más aún, la depreciación del peso TAMPOCO ha evitado la avalancha de importaciones que han sufrido otros países de la región, simplemente son importaciones más caras (en pesos) que atizan aún más la inflación.

No sería de extrañar que en el 2009 vieramos de nuevo una crisis del peso argentino y una revaluación real: ya sea por la vía de una revaluación nominal o por la vía de una hiperinflación. Mientras tanto, y a pesar de la tradicional indiferencia de los molinos de viento, el gobierno se mantiene lanza en ristre.

JPF

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